Una anciana es una mujer madura con
entusiasmo, pasiones y alma. Si aspiras a ser una de ellas, has de saber que el
secreto está en ti misma, siempre y cuando la mente, el corazón y el cuerpo
todavía sigan funcionando razonablemente bien, y por tu parte valores el hecho
de estar viva. Hablando en sentido metafórico, las tres fases lunares
(creciente, llena y menguante), las tres fases de la diosa antigua (doncella,
madre y anciana) y los tres indicadores biológicos de la menarquía, la
menstruación y la menopausia, dividen la vida de las mujeres como si se tratara
de una obra de teatro en tres actos. Hemos llegado, pues, al tercer acto, y el
telón bajará cuando éste finalice. En el tercer acto quizá tratemos de enhebrar
el significado de las anteriores etapas de nuestra vida, y con ello nos
encontremos absortas en algo nuevo. Alcanzamos conclusiones y desenlaces; unas
puertas se cierran, pero otras se abren. Sin tener en cuenta los detalles más
concretos, lo que da sabor a la vida es estar profundamente implicada en ella.

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