Los
pensamientos y emociones humanas, al ser vibraciones y éstas la base de la
Vida, alteran la estructura molecular del agua y actúan directamente sobre la
salud y el comportamiento a nivel global. El Agua es nuestra Vida. Estamos
compuestos de ella en un 70% durante la edad adulta. Un porcentaje que fue del
95% en nuestra etapa embrionaria y sin embargo apenas llegará al 50% cuando estemos
en el ocaso de la vida. Nuestro planeta mismo --erróneamente llamado Tierra-
está compuesto de un 70% de agua.
Estamos
unidos con el agua a través de nuestra conciencia, por tanto, por un acto de
voluntad colectiva se puede modificar su composición,
su comportamiento. El agua se impregna de la información que contienen la
música, las palabras, las imágenes, los pensamientos e, incluso -lo que es aún
más revolucionario porque cambia los actuales conceptos de salud y enfermedad-
¡las intenciones!
Las
músicas más estridentes -así ocurre por ejemplo con el Heavy Metal- producen
desarmonía en el agua que no cristaliza pareciéndose mucho la estructura que se
visualiza a la del agua contaminada o tóxica. Pasaría igual con las palabras y
pasó lo mismo. Y luego con las mismas palabras... pero escritas en un papel que
pegaba al frasco antes de congelarlo. Y de nuevo las respuestas obtenidas
fueron diferentes. La belleza de la imagen captada en el frasco con la palabra
Dios nada tenía que ver con la desestructurada imagen obtenida en el cristal
sometido a la influencia de la palabra Demonio. Singularmente, las fotos más
bellas se obtuvieron de las muestras que se congelaron acompañadas de las
palabras Amor y Gracias, cristales geométricamente perfectos.
¿Cómo
pueden las dimensiones espirituales de la Ciencia y la Conciencia ayudar a las
Naciones Unidas y a la Humanidad a conseguir mejores estándares de vida en un
ambiente de mayor libertad? Bueno, pues lo que trató de explicar Masaru Emoto
en tan distinguido foro es que eso es posible conseguirlo mediante una ola de
sentimientos, de vibraciones puras que, traspasando religiones y razas, a
través del agua como medio de expansión y por resonancia, alcance a todos los
rincones del planeta.
Emoto está convencido de que el planeta está sufriendo
una agresión permanente que se traduce en un aumento de temperatura. Y que lo
mismo que un exceso de temperatura en el organismo puede acabar con nuestra
vida el exceso de temperatura en la Tierra puede acabar con la vida en el
planeta. Por lo que, al igual que nuestro organismo trata en esos casos de
expulsar la causa de su mal la Tierra, si es preciso, tratará de sacudirse la
causa de su problema -nosotros- de la misma manera. Nuestro planeta está
enfermo porque nosotros estamos enfermos y somos unos inconscientes. -
El mundo
-comentaría Emoto al inicio de nuestra conversación- se encuentra sometido a
grandes catástrofes en las que el agua está muy presente. El tsunami ocurrió en
Asia, una de las zonas más pobres del planeta, y hasta el último momento nadie
supo cuándo se iba a producir. Pero los huracanes han asolado Estados Unidos y
allí sí se sabía cuándo iban a tener lugar. Sin embargo, en ninguno de los dos
casos se pudo hacer nada. La gente no tiene todavía un conocimiento real de la
naturaleza del agua. Me gustaría creer, sin embargo, que las cosas pueden
cambiar merced a los conocimientos que he adquirido sobre ella en los últimos
años.
-Dice que si el planeta está enfermo es porque nosotros estamos
enfermos. Hablemos pues de la enfermedad para buscar caminos de
solución.
Díganos, ¿qué le han enseñado sus investigaciones sobre el origen de
la enfermedad?
Todo en el universo es producto de la vibración. Y quizás a eso
se refieran los textos sagrados al señalar que en el comienzo fue la Palabra
que no es sino una expresión de la vibración. Las vibraciones son energía. Sin
energía el hombre se muere y cualquier objeto que existe en el mundo
desaparece. La vibración es vida. Cuando el corazón deja de vibrar todo se
degrada. Y es el agua precisamente el medio de transmisión de esas vibraciones.
El cuerpo humano tiene seis mil millones de células que cuando está sano vibran
en armonía, como en un gran concierto. Cada una tiene su propia vibración. Pues
bien, para que surja la enfermedad, la rotura de la armonía, primero
empiezan a alterarse las partículas subatómicas. Y si esa mala vibración es
crónica en dos o tres años degeneran las vibraciones del átomo. Luego, en
períodos similares, se alteran las moléculas, las células y, finalmente, los
órganos. Cuando el ser humano comienza a sentir dolores es que se encuentra ya
en la fase de afectación de células y órganos.
El mundo subatómico es, si lo
comparamos con el mundo visible, un mundo "espiritual". Por eso
cuando entramos en una vida antinatural, contraria a las leyes divinas, enfermamos.
Por eso cuando entramos en negatividad, cuando tenemos pensamientos negativos,
enfermamos. Y también por eso si no enfermamos espiritualmente nuestro cuerpo
no enferma. De ahí que actualmente la medicina moderna esté tratando la quinta
etapa: cura los síntomas sin ir a su origen subatómico. Sin embargo, la
enfermedad surge de la energía. Hasta ahora toda esta vibración subatómica que
yo denomino Hado, expresión fruto de dos ideogramas japoneses que traducidos al
inglés quieren decir movimiento y onda no era palpable pero ahora ya puede
verse su materialización en las cristalizaciones que hemos obtenido del
agua.
-¿Y la curación? -La curación se alcanza cuando se recupera la
armonía, la vibración normal. Cuando padeces dolor de cabeza en el fondo
subyace una onda de vibración anormal. Lo habitual en estos casos es tomar una
aspirina pero ésta lo único que en definitiva hace es aportar una contraonda
que neutraliza la onda defectuosa contrarrestándola. Hablamos de que la
curación es vibracional y el agua, por su capacidad para almacenar información,
es la portadora ideal de toda energía y por eso es capaz de neutralizar la
frecuencia de cualquier enfermedad. Los médicos tienen que aprender y cambiar
su forma de mirar y atender al paciente. Yo mismo he tenido la experiencia de
curarme con agua y he curado a muchas personas pero me di cuenta de que cuando
te limitas a curar una enfermedad después viene otra... y después otra. En
definitiva el origen de la enfermedad no es sólo individual sino también
social, por lo tanto, para hacer desaparecer la enfermedad es necesario que la
sociedad cambie.
-En ese caso aunque beba una excelente agua no va a cambiar
en nada su salud. Permítame un ejemplo: el agua de Lourdes en Francia. Hay
mucha gente que cree que realmente es milagrosa y son muchos los que han
visitado el lugar creyendo en la influencia en ella de la virgen María. En
suma, se trata de un agua cargada, ante todo, de las buenas intenciones de los
que por allí pasan. Bueno, pues las fotografías de sus cristales demuestran
efectivamente su calidad, su bondad. Es un agua muy buena... sólo que además es
preciso beberla con intención y conciencia.
-Quienes han podido contemplar cómo
las moléculas de agua absorben la información transmitida por una pieza musical
de Beethoven o Mozart y la transforman en bellos cristales de diferente forma
difícilmente van a olvidar un espectáculo tan bello.
También las fotos
transmiten vibración. Los dibujos de Miguel Ángel transmiten vibraciones y
nosotros las disfrutamos. Tienen como un sentimiento de sanación. Todas las
buenas artes tienen la propiedad de sanar.
-Y las palabras. Lo que su trabajo
viene a confirmar es que las palabras no son inocentes y que cada una de ellas
nos modifica o altera -También las palabras, efectivamente, tienen Hado.
Transmiten una vibración. AMOR y GRACIAS son las palabras que más bellas han
cristalizado. Por eso si nos acostumbramos a decir la palabra GRACIAS nuestra
vibración interna será positiva. Imagínese hasta qué punto recoge la
información el agua que con la palabra PAREJA o MATRIMONIO aparecen ¡dos
cristales! Uno como sujetando al otro pero, a la vez, protegiéndose ambos.
-¿Hay algo que podamos hacer con el agua para mejorar la salud? -Sí.
Por ejemplo, colocar dentro del congelador una botella llena de agua con las
palabras AMOR y GRACIAS escritas en una etiqueta mirando hacia el interior de
la botella. Sólo hay que dejarla un día allí y luego ingerirla. Ahora bien, si lo que queremos es ayudar
a curarse a alguien debemos hablar en pasado y enviar energía positiva al agua
de la botella. Por ejemplo, diciendo "Agradezco haber curado a... (se dice
el nombre de la persona) de...... (menciónese la enfermedad)." Por
supuesto, desde el corazón. Y luego se le hace llegar la botella para que la
beba. Obviamente si es uno mismo el que está enfermo su energía y sus cristales
no estarán bien por lo que es necesario que sea otra persona sana la que
trabaje sobre nuestra agua.
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