Para
ser una anciana necesitas librarte de los "hubiera o hubiese". Es
preciso silenciar las quejas mentales que no tardarán en escapar por tu boca en
cuanto encuentren la ocasión. Lamentándonos no somos capaces de vivir el
presente, y tampoco somos una compañía grata (ni siquiera para nosotras
mismas). Las quejosas dan por sentado que merecían, y todavía merecen, una vida
diferente de la que poseen, y no comprenden que a todos nos ha tocado en suerte
nuestra parcela de desgracias, como le ocurre al más común de los mortales.
Incapaces de mostrar gratitud por lo que ya poseen, las quejosas no saben
disfrutar del presente
La anciana interior se caracteriza por
poseer un ojo muy observador y un oído sensible. Cuando la conozcas, te pillará
lamentándote o compadeciéndote de ti misma; y una vez te ha pillado, ya puedes
prepararte: lamentarse es un comportamiento indigno de una anciana.



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