A partir de hoy comenzamos este nuevo ciclo astrológico basado en la luna y los signos zodiacales. Ya mencionamos en un artículo de la semana pasada la importancia del signo lunar y el lugar que ocupa como luminaria y norma arquetípica interna.
... Trabajaremos en esta entrega la luna es aries, primer signo del mandala zodiacal. En este caso, la naturaleza acuosa y nocturna de la luna se ubica en un signo de fuego, intrépido, apasionado e impulsivo. Existe cierta tensión intrapsíquica para el sujeto con esta configuración lunar, pues esta luminaria representa los patrones primarios de nuestra vida, las dependencias inaugurales y la indiscriminación simbiótica con nuestra madre; mientras que aries es el máximo exponente de la individualidad y la búsqueda constante de independencia.
La luna, con sus patrones afectivos, se emparenta en este caso con una energía de acción. Por ello lo primero que podemos decir de este emplazamiento es que los nativos con luna en aries son de armas tomar. Caracterizados por una emocionalidad apasionada, volcánica y activa, se manejan por impulso y adoran el ritual de la conquista. Uno de los sentimientos principales que desarrolla esta luna es el enojo, basado en una explosión espontánea que al momento se apaga y desaparece absolutamente.
La luna habla de las vivencias con el entorno primario y de las características que el sujeto percibió e introyectó de ese ambiente. Generalmente la vivencia de una luna en aries se basa en la percepción de un ambiente muy dinámico, activo y avasallante. Suelen percibir cierto costado agresivo en su espacio de socialización primaria y sobre todo en su madre. Viven a esta última como un ser decidido, aguerrido y dominante, capaz de defenderlos a ultranza pero también capaz de decidir por ellos y avasallarlos con su fuerza en más de una oportunidad. Si buceamos en las imágenes primigenias de una luna en aries, podríamos encontrar sensaciones de que todo se movía demasiado rápido y que no había lugar para cuestionar ni demorar las acciones de otros.
El arquetipo relacionado con esta luna es la madre-amazona, guerrera con arco y flecha, decidida y dominante. Eugenio Caruti, gran exponente de la astrología arquetípica, plantea que esta imago interna que el sujeto introyecta lo lleva a desarrollar una actitud fuertemente defensiva frente al entorno, es por ello que las lunas en aries suelen considerar que no hay mejor defensa que un buen ataque.
Esta configuración tiende a defender a ultranza su independencia, con lo cual cada vez que asoma el mínimo atisbo de dominación en las relaciones, la luna en aries suele atacar y demarcar su territorio con mucha fuerza. Esto puede generar que a los nativos con este emplazamiento les cueste un poco relajarse y permitirse la ternura, pues suponen que si bajan la guardia serán invadidos nuevamente y caerán en una situación de avasallamiento que no toleran.
La luna representa la búsqueda de seguridad, todos nosotros tenemos un patrón interno conservador que intenta salvaguardar un espacio de confort del que nos cuesta movernos. El signo y los aspectos de la luna muestran aquellas imágenes y situaciones particulares que nos generan seguridad. Para la luna en aries su independencia es el único lugar seguro, solo afirmándose y ejerciendo su voluntad se siente cómoda. Por ello esta luna articula un mecanismo de fuerte dominación y defensa frente al entorno, pues caer en dependencia de otros o sentirse anulado es algo absolutamente temido por el sujeto.
Aries es el signo de los conquistadores, su relación con el arquetipo del guerrero hace que permanentemente estén buscando desafíos y nuevas conquistas. En su faz luminosa, esta energía les permite moverse y no dudar frente a la posibilidad de arriesgarse. En su faz sombría, la luna en aries decodifica todo como una lucha, como una competencia y busca apropiarse del primer lugar, pues de lo contrario quedará sometido. En su dinámica interna existen solo los vencedores y los vencidos. Esa pauta afectiva ligada a la constante necesidad de mantener la independencia como lugar seguro no es un mecanismo conciente, sino una profunda estructura inconciente ligada a vivencias e imágenes primarias y arquetípicas.
Luchar, oponerse, ganar la partida, son muchas veces las características que acompañan por un tramo el desarrollo de la luna en aries. Esto conduce a que numerosas veces los sujetos con este emplazamiento se sientan profundamente solos teniendo que enfrentar duras pruebas. El crecimiento de esta luna viene cuando puede comenzar a incorporar a su polo opuesto, el signo de libra, equilibrado en sus emociones y receptivo a la cualidad del otro. El signo de libra se define por su capacidad de negociación, estrategia opuesta a la dominación ariana.
Cuando el componente reactivo de la luna en aries deja paso a otras formas de comportarse, el sujeto comienza a evolucionar. Caruti también plantea que esta luna tiene dificultades para conectarse con los propios deseos, puesto que está demasiado pendiente de defenderse de los deseos y demandas ajenos. La luna en aries en vez de enfocarse en su propio deseo, se resiste al deseo del otro, de modo de sofocar cualquier posibilidad de imposición sobre su territorio.
En resumen, podemos decir que las vivencias primarias de la luna en aries y las identificaciones arquetípicas llevan a desarrollar una fuerte pauta reactiva-defensiva en el campo emocional. El sujeto busca oponerse y defenderse de posibles intentos de dominación e intenta anclar su individualidad en un lugar seguro, donde no pueda ser atacada ni perjudicada. Esto es lo que le da a dicha luna un carácter fuertemente reaccionario, independiente y conquistador. Los sujetos con este emplazamiento se sienten seguros al conservar el espacio suficiente para no sentirse presionados ni invadidos. Dueños de una emocionalidad volcánica y capaz de jugarse el todo por el todo, jamás dicen que no a un nuevo desafío.
Tanto en la luna en aries como en las 11 lunas restantes, la clave está en ablandar el mecanismo que tramita de manera permanente el plano afectivo e integrar su energía con otras pautas y recursos que muestra la carta. La idea es comprender las “mañas” que la luna nos deja como legado y la estructura conservadora y estable que plantea como modo de resolución de las emociones.
Por otro lado, es fundamental amar nuestra luna y ocuparnos de sus necesidades. Esta luminaria es la clave de la vida afectiva de cada ser humano y debe ser respetada en su esencia.
Ada Marcos

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