
La intuición de la mujer ha sido muy calumniada. Es una forma de sabiduría que tiene que ver con los seres vivos, las plantas, los animales, las personas, la enfermedad, el nacimiento y la muerte. También está relacionada con el hecho de mostrarse receptiva a la energía y a otros dominios invisibles. Una mujer normal y corriente que asiste a una persona moribunda echa mano de la sabiduría de la anciana pues sabe de un modo instintivo o intuitivo lo que tiene que hacer. Esto guarda cierto paralelismo con un gran número de madres primerizas que son sabias en un sentido materno, algo que es tan común y que pasa inadvertido, hasta que una madre joven se niega a seguir el consejo de una autoridad en la materia porque una vocecita interior le dice que eso, en concreto, no le conviene a su hijo.
Las credenciales y las recomendaciones son algo que las ancianas valoran y tienen en cuenta a la hora de tomar una decisión y depositar su confianza en alguien que vaya a cuidar de ellas, de su salud y de sus bienes. Se basan en la capacidad, la personalidad y la compasión que advierten en sus cuidadores y directores, pero también en algo más que "parece que encaja" en estas personas. Es una conexión anímica o, como diría el filósofo Martin Buber, una relación «tú y yo», que es ese profundo conocimiento intuitivo recíproco que se produce cuando dos almas se encuentran.
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