martes, 14 de septiembre de 2010

Las Ancianas Confían en sus Presentimientos



Las ancianas confían en su instinto por lo que respecta a personas y principios. Es una confianza que aumenta a medida que una se vuelve más vieja y más sabia, es decir, que aumenta a partir del aprendizaje de la vida. Una dolorosa lección tomada a pecho hace mella en nosotras. La mujer madura se reirá con tristeza ante el agudísimo comentario de Isabel Allende, que pone en boca de una abuela que sale en su novela La ciudad de las bestias: «La experiencia era aquello que aprendiste justo después de necesitarla». (¡Amén a eso!)
Al revisar todo lo aprendido, son muchas las mujeres que se dan cuenta de que apenas contaban con pistas que les sugirieran que estaban viviendo situaciones potencialmente peligrosas, o bien que fueron impulsivas e irresponsables. Incluso hay quien reconoce que mostró indiferencia frente a un sentimiento incómodo, o hizo caso omiso de la punzada del miedo, y que en lugar de mostrarse maleducada, alocada, esnob, interesada, egoísta o ignorante, eligió convertirse en una víctima.
Una mala experiencia proporciona una buena dosis de sabiduría a la mujer que se convierte en anciana: esto es una nueva forma de discriminar a la mujer que no se ha vuelto más sabia gracias a la experiencia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario