jueves, 15 de agosto de 2013

Relaciones entre astrología y psicología




¿Cómo se relaciona la astrología con la psicología de Carl Jung?
En principio, lo que podemos decir es que para Carl Gustav Jung, que es el psicólogo que nosotros seguimos tanto en la astrología como la mitología, era la forma que utilizaban los antiguos. Ellos cifraban en un código simbólico contenidos psicológicos y eso se ve traducido tanto en el esquema de la  mitología, que es un cuerpo completo de conocimiento y de símbolos, como en el cuerpo de la astrología, que también es un conjunto y compendio de símbolos. Entonces, la astrología, que era una forma de psicología, poco a poco fue progresando, se fue diversificando y lamentablemente se fue separando de su raíz filosófica y se fue volviendo más que nada una mancia muy ligada a la  futurología y predicción y muy desconectada de poder generar conciencia y autoconocimiento. Un poco la astrología que nosotros utilizamos es buscar reconectar esa profana hermandad, que siempre tienen desde tiempos antiguos, la psicología de la astrología.
Es la manera simbólica de cifrar el aparato psíquico de cifrar (sic) los contenidos del psiquismo individual, y también del psiquismo colectivo cuando trabajamos un mandala en reposo, pero en principio son disciplinas hermanas, inseparables desde nuestro punto de vista y se puede hacer piscología sin astrología pero no se puede hacer buena astrología si no está la psicología incluida.
¿Los antiguos para qué usaban la mitología?
Ellos también la utilizaban como una forma de psicología porque, en realidad, los mitos son relatos de verdades universales que acontecen en todo psiquismo individual. Por ejemplo, al mito de Edipo el psicoanálisis después lo retoma como el mito fundante del aparato psíquico individual. “Jasón y los argonautas” es para muchos el mito fundamental del psiquismo grupal. Todos los mitos, en un lenguaje simbólico, lo que hacen es mostrar diferentes verdades arquetipales y universales que atraviesan el alma humana mas allá de la cultura, mas allá del tiempo, mas allá de cualquier tipo de diferencia idiosincrática. La mitología hace que en un lenguaje simbólico y condensado se puedan describir procesos psíquicos y anímicos muy profundos, no son relatos fantásticos sino que son relatos cifrados que hablan de verdades universales del alma humana.
¿Y eso sería el arquetipo?
El arquetipo es un núcleo energético que es información pura y que forma parte y es el contenido fundante del inconsciente colectivo, es decir, son modelos básicos y universales que atraviesan a toda la humanidad.
Los arquetipos son núcleos informáticos puros bien amorfos que descansan en la base del patrimonio cultural universal, entonces se activan con diferentes ropajes en distintas culturas, pero en el fondo responden a lo mismo.
Todos tenemos héroes dentro de nuestras culturas, pasa que distinto va a ser un héroe europeo, otro africano, otro asiático u americano. Sin embargo, si nos ponemos a mirar dentro la estructura y el esquema del héroe, de lo profundo, mas allá de su imagen y sus ropajes externos, vamos a comprobar que hay algo que los hace héroes y es siempre lo mismo.
¿Qué es lo que el héroe repite?
Eso mismo en general Joseph Campell lo describe como un proceso de transformación que todo héroe hace en tres etapas básicas que son: la separación del entorno conocido, una iniciación con pruebas difíciles que el héroe tiene que superar y un retorno a la fuente modificado.
Entonces, si tomamos desde Perseo, Teseo, Aquiles y Hércules, los héroes griegos por definición, pasamos por los héroes yanquis Superman y Batman, todos repiten este mismo esquema de desarrollo que es donde se separan de lo conocido, se inician en duras pruebas y después retoman a las fuentes modificados. Todos los héroes tienen que vivir este proceso de transformación, por eso el héroe es uno de los arquetipos universales que Jung trabaja en el denominado “viaje del héroe”, que es el héroe que podemos emprender todos a nivel individual: un viaje de transformación a nuestros ego que se va a separar de los conocido, se va a iniciar y va a retornar modificado a la fuente y que, cuando consumimos historias de héroes mitológicos, de películas o producciones hollywoodenses, no hacemos ni más ni menos que ver reflejado en una pantalla externa un proceso interno de desarrollo. Por eso la mitología es muy valiosa, porque nos da un modelo arquetípico de desarrollo que nos puede servir a nivel individual. Leer mitología nos nutre porque nos da recursos simbólicos para significar cosas que nos van a pasar a lo largo de la vida porque son arquetípicas. Así como Perseo recibió la llamada a iniciar su viaje de emancipación y búsqueda de su propio camino, nosotros también. Así como lo hicieron todos los héroes, entonces si nosotros sentimos ese impulso de ir hacia lo nuevo, de salir de la zona de comodidad si tenemos estos recursos simbólicos, vamos a significar de otra manera lo que nos está pasando, hay mucha más conciencia.
Complejo y arquetipo ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?
En realidad, el complejo está apoyado sobre el arquetipo, y este forma parte del núcleo, de la parte del aparato psíquico que es más profunda y universal y que forma parte de lo que Jung llama “la psiqueo objetiva”, que es el inconsciente colectivo, patrimonio de la humanidad. Y los arquetipos son el contenido del inconsciente colectivo. Los complejos son los arquetipos del inconsciente personal de cada uno, son vivencias reprimidas por nuestra propia biografía en función de lo que nos ha tocado vivir y forman parte de nuestro propio inconsciente personal, son vivencias individuales y el contenido del inconsciente personal, que Jung lo llama sombra, son los complejos. Lo que pasa es que estos complejos, si los empezamos a escudriñar y a rasgar, nos encontramos siempre con un motivo arquetipal. Por ejemplo: el complejo de inferioridad tiene un motivo arquetipal, el complejo de Edipo tiene un motivo arquetipal y el complejo de superioridad también. Después nosotros lo vivimos y lo coloreamos y lo llenamos de vivencias que son personales, pero en el fondo, el complejo tiene un contenido duro que es universal.
El complejo de inferioridad puede tener diferentes contenidos e historias biográficas que lo avalan en cada caso, pero en el fondo se trata más o menos de lo mismo y podríamos graficarlo contando “el cuento del patito feo”.
No sé si viste la serie “Once upon a time”, donde los personajes representan a alguien de un cuento universal (arquetipo). Cuando ellos se encuentran en un pueblo llamado Storybrook pasan a la vivencia de ese arquetipo y, automáticamente, se convierte en un complejo.
Claro, y lo llenan con sus propios contenidos vivenciales, entonces si vamos por ahí, para mí el complejo de inferioridad está basado en lo que mi mamá me decía cuando yo era chiquita y para vos, este mismo complejo, puede estar basado en lo que decía una tía que también influyó mucho. Alrededor de eso se empezó a armar, en el fondo. Las dos, en el núcleo duro, compartimos la vivencia de sentirnos diferentes del resto, de sentirnos menos o lesionadas en nuestra autoestima, de estar buscando permanentemente ese resarcimiento, pero las vivencias que te llevaron a vos fueron unas y las que me llevaron a mí fueron otras.
Ya que tocamos lo del patito feo, ¿Cuál sería la sombra en este complejo?
Lo que está en la sombra de ese patito feo, y que después sale, es el cisne que en verdad es. Lo que tenemos en la conciencia es el complejo de inferioridad, el sentirse inferior. Siempre toda persona que toma una posición de inferioridad, en el inconsciente la sombra lo va a polarizar y va a guardar la superioridad, que es la otra cara de la moneda. Entonces, lo que dice Jung es que el inconsciente se encarga de polarizar a la conciencia, los complejos en los opuestos también se tocan. Superioridad e inferioridad forman parte de un gran centro magnético dentro del aparato psíquico en el cual la conciencia pendula.
¿Eso significa que nos tenemos que cuidar de n o pasar de un complejo de inferioridad a un complejo de superioridad?
En realidad, la gran integración a lograr es que el cisne y el patito sean uno solo. De esa manera, el inconsciente no tendría que hacer el trabajo de hacerse cargo de aquello que la conciencia desecha, el cisne en una primera instancia del cuento y el patito en una segunda, porque si yo con la conciencia me polarizo en el patito, en cualquier momento va a salir el cisne y, si me polarizo en el cisme, en cualquier momento sale el patito. No estoy realmente curado y solo lo estoy cuando logro la integración entre esas dos partes mías y logro un equilibrio.
¿El complejo de Edipo qué trabaja ?
Edipo trabaja otra cosa, trabaja la fundamental triangulación que tenemos con nuestro padre y nuestra madre, hay otras cosas que se pueden leer en el mito, pero desde donde lo toma el psicoanálisis es en la posibilidad de convertirnos en sujetos a partir de esas relaciones fundantes que tenemos con nuestros padres, esas relaciones de amor que generan como una gran prohibición que son las prohibiciones del incesto, los primeros diques represivos que generamos en nuestro aparato psíquico que están basados en este complejo. En realidad, es un final muy trágico el que tiene Edipo, él termina sacándose los ojos y termina todo en una gran tragedia, mata a su padre y su madre se suicida, o sea, hay una complejidad y tragedia en la historia muy profunda, y lo que se dice desde la psicología jungniana es que Edipo es una especie de antihéroe, porque en vez de salir hacia la exogamia, hacer el proceso de transformación y en vez de separarse, se queda pegado de la endogamia. Es al revés, trata de salir de la endogamia porque recibe la profecía de la maldición que va a matar a su padre y se va a casar con su madre, al apartarse de eso queda pegado. Este juego lo hacen mucho los griegos con sus mitos y los oráculos y las profecías. Al intentar escapar de la profecía uno termina metiéndose más a fondo con el cumplimiento de ese destino. Si hay algún tipo de contrabalanceo con Edipo, se podría dar con la posibilidad de desarrollar el héroe y vivir la iniciación para convertirse en un ser individual. La iniciación define al ego, lo fortalece, lo transforma y lo integra.
Es parecido a Narciso, porque se mira en las aguas y de tanto contemplarse cae en ella, se va hacia adentro. 
El mito de Narciso es otro mito fundante del aparato psíquico, porque esto de poder conocerse a uno mismo, de mirarse en el lago, de salir de la negación y desconocimiento en el que estaba Narciso de sí mismo, construye mucho la subjetividad. Es necesario pasar por una etapa de narcisismo y amor a uno mismo para después poder amar a los demás, es un mito con una profunda significación subjetiva y ahí también se ve mucho cómo se da esta vuelta alrededor de la trampa del oráculo, porque dice que el día que él se vea a sí mismo morirá. Es por eso que la madre lo mantiene en la ceguera total, ajeno a espejos o cualquier cosa que le refleje su propio rostro, hasta que se ve en un lago y encuentra la muerte. Hay un estudio muy interesante que hicieron los argentinos Ana Zetina y Jorge Bosia (astrólogos de esta rama muy psicológica también), se llama “Egos, Eros, Ecos” y se refiere a cómo el mito de Narciso es un mito de construcción del ego. Tiene que ver con esa base de construcción egoica, narcisista, con amor propio, y había una ninfa que se llamaba Eco que se enamoró perdidamente de Narciso, pero tenía una maldición encima y estaba condenada a repetir las últimas sílabas de lo que decía el interlocutor, por eso el eco es para nosotros la reverberancia de la última sílaba de lo que decimos, y viene de aquel relato mitológico. Cuando ella lo vio a Narciso se enamoró de él, pero en su intento de seducirlo, al ser tan limitada por repetir las últimas sílabas, pereció en su intento de conquistarlo y pidió a los dioses que se venguen y que le hagan vivir a Narciso el mismo infortunio de amor que estaba viviendo ella. Ahí es cuando Narciso quedó captado con su imagen en el lago y vivió la imposibilidad de concretar su amor por ese reflejo. Donde él murió nació una flor de narciso. Esta cosa del eco es esto de construirnos como verdaderos individuos o ser un eco del otro, ser como un falso self. Ser una falsa personalidad que se adhiere al ego del otro es repetir lo que es el ego del otro, es la falsa personalidad.
Esta entrevista fue tan interesante como extensa, por eso decidimos dividirla en dos. Llena de conocimiento, Ada nos pudo aclarar por qué el mito desde tiempos antiguos fue y es tan importante para el hombre, qué representa en el alma humana, cuál es el camino del Héroe y cómo trabajan los complejos en nuestra psiquis.
En la segunda parte de la entrevista a la licenciada Ada Marcos trataremos temas como las máscaras, para qué sirven, cuál es su función y qué es la sombra para Carl Gustav Jung. A disfrutar, a compartir y a nutrirse.
¿Podemos hablar un poquito de las máscaras? ¿Qué diferencia hay entre la máscara y la sombra de la máscara?
La máscara es otro arquetipo junguiano fundamental. Jung dice que la máscara es el arquetipo que trabaja toda la parte de la capacidad del ser humano de adaptarse socialmente. Es toda la energía psíquica destinada a la adaptación social, y ella es la que nos permite filtrar nuestros impulsos básicos y adaptarnos a vivir la civilización, son los roles que ejecutamos, dicen los post junguianos en este teatro de la vida. Tenemos múltiples máscaras y, en el mejor de los casos, tenemos varias y vamos utilizándolas y soltándolas en diferentes momentos.
¿Cuándo una máscara es sana?
El uso sano de las máscaras tiene que ver con la posibilidad de no confundirlas con nuestra propia piel, de saber que son simplemente ropajes que utilizamos para adaptarnos socialmente y también para economizar energía psíquica. Las máscaras nos marcan cierta estereotipia en nuestro comportamiento que, si bien nosotros tratamos de nutrirlo con cosas más autenticas y hacer así una integración, la máscara me marca que cuando estoy en mi rol de profesora me dice que ciertas cosas son adecuadas y otras cosas que no, y yo ya sé cuáles son más o menos. Puedo innovar con algunas cosas pero con otras no, entonces, entrar en esa sintonía y saber cuál es la ruta que tengo que seguir me hace ahorrar energía en tener que pensarlo cada vez que ejecuto el rol, me permite ciertos códigos sociales que están pactados de antemano y que me permiten que los encuentros y los contactos con la sociedad estén más enmarcados y yo no tenga que estar pensando de cero cómo tengo que encarar la situación. Siempre pongo el mismo ejemplo: yo sé que por un pacto social si es antes de mediodía digo “buenos días” y si es después digo “buenas tardes”. Ya sé que eso es lo adecuado y lo que el pacto social marca, ahora, si tengo que pensar desde cero cómo saludar en cada caso gastaría una cantidad de energía psíquica impresionante, entonces la máscara me sirve para marcar ciertos rumbos de comportamiento adaptados socialmente, que me permiten economizar energía psíquica y generar un encuentro relativamente armonioso y civilizado con el otro. El problema es cuando la máscara está hiperinflada, esto quiere decir que confundo la máscara con mi propio ser, no puedo sacármela nunca, vivo con ese estereotipo del rol social, es el juez que nunca se saca la toga de juez, es el psicólogo que no deja nunca de ejecutar su rol profesional y que analiza a todo el mundo, es el religioso que está con su moral y biblia bajo el brazo, todo es máscara, todo es código social y no existe posibilidad de utilizar recursos más personales y auténticos a la hora de resolver las situaciones. Es, por ejemplo, Ned Flanders que lee la Biblia y, cuando no encuentra la solución al dilema dentro de ella, llama de urgencia al reverendo para que le diga cuál es el código adecuado, no puede resolver desde su propio ego individual la situación.
¿La sombra de la máscara dónde estaría?
El arquetipo de la sombra es el que polariza la máscara, es lo que te decía que puede tirar a la hiperinflación y a generar una asfixia del ego donde todo es pura máscara y el ego no puede respirar ni tomar decisiones fuera del pacto social o caer en una deflación de la máscara, que son las patologías, donde la persona no puede utilizar máscaras y la persona se vuelve socialmente inadaptada. Esas son las personas que desencajan mucho a nivel social, no pueden generar un contacto social respetuoso, tienden a oponerse y rebelarse ante cualquier institución porque sí, no solo para modificarla ni para tratar un nuevo instituyente, sino por el simple hecho de oponerse como una rebeldía sin causa. La luz de la máscara sería esta posibilidad de ahorrarnos energía psíquica y poder filtrar nuestros impulsos y poder relacionarnos de una manera armoniosa y civilizada con el entorno y para poder cumplir los roles que la vida nos tiene deparado. La parte sombría de la máscara es tanto la hiperinflación, el pegoteo de la máscara con nuestro propio ego y la deflación es tener un uso pobre de las máscaras. Cuanto más usamos y más nos adaptamos socialmente y más vamos perdiendo nuestra espontaneidad y nuestra parte verdadera y genuina, más grande es nuestra sombra, porque todo lo que la máscara reprime (nuestros impulsos no dejan de existir sino que los vamos reprimiendo para sostener la máscara), esa que hemos elegido, de alguna manera todos esos impulsos van a parar a la sombra, que es cada vez más grande.
¿La máscara se elige de acuerdo al signo zodiacal al que pertenecemos?
Por ejemplo, dentro de la astrología se considera mucho al signo de Sagitario como arquetipo, igual que Júpiter o casa 9, pero también se considera al ascendente como máscara, es la energía que nosotros proyectamos y que se nos ve muy en forma muy natural hacia afuera. El medio cielo, que es otro ángulo que está expuesto en nuestra carta, socialmente también tiene que ver con las máscaras y con la proyección social que nosotros hacemos. El signo que cae en nuestro medio cielo se considera nuestra meta social y se considera una energía que también nosotros proyectamos a nivel social sin, a veces, ser demasiado consciente.
En astrología lo que sucede es que nada es determinante, ni de un modo o del otro, sino que en general es de varios modos a la vez. La astrología es muy compleja, tiene eso que pasa al mirar un mismo fenómeno: tenemos que contemplar varias cosas de una carta natal, por lo tanto, si queremos saber qué tipo de máscara usa tal persona, podemos mirar el ascendente, la casa 7, el medio cielo, Sagitario, la casa 9, Júpiter y mirar el regente del ascendente. Una de las maneras más fáciles de hacerlo es mirar el ascendente sin obviar que hay teorías astrológicas que opinan que el ascendente es el camino evolutivo del alma y no la máscara. Entonces, ahí el ascendente nos estaría dando otra información adicional. En la astrología convive esta pluralidad permanente.
¿En una carta natal se puede ver la sombra?
Retomemos esta línea que dice que en astrología nada es tan definido, sino que en astrología psicológica tenemos que mirar una serie de fenómenos dentro de la carta para poder llegar a una conclusión. Vamos a mirar varias cosas para trabajar el complejo de la sombra, vamos a mirar la casa 7 que, por lo general, es una energía proyectada hacia afuera y una de las formas principales de vivenciar la sombra, dice Jung, es de una manera proyectada en nuestro entorno. Por eso se dice que los demás son espejos y reflejos de nuestra propia interioridad y lo que nos molesta afuera probablemente esté dentro nuestro, este contenido reprimido es muchas veces proyectable y, justamente, la casa más proyectiva es la casa 7 que es la casa de la relación con el otro. Los astrólogos helénicos (que son los primeros en utilizar el mapa natal individual) la llamaban “la casa de la inmersión y del ocultamiento”, porque todo lo que caía ahí estaba oculto a la conciencia, estaba en oposición al yo, que es la casa 1, un lugar básico y sede de la conciencia. En la casa 7, en general, hay parte de la sombra, en la casa 8 hay una gran vivencia de la sombra que para los astrólogos arquetipales es el encuentro mismo con ella, es el signo de Escorpio, es el encuentro con el tabú, reprimido y desechado por el ego, que se construye definitivamente en Leo y que desecha hacia la sombra en Escorpio todo aquello que no forma parte de la identidad coherente que armó en el proceso leonino de constitución. Entonces, vamos a mirar la casa 7 (como dijimos), la 8 y también la casa 12, que es una energía oculta. Para los astrólogos arquetipales esta es una energía más universal, es la energía del inconsciente colectivo.
¿La Casa 12 es mucho más oculta que la Casa 8?
Sí, es mucho más oculta y mucho más inaccesible. La casa 8 son las vivencias reprimidas personales, la casa 12 son vivencias arquetípicas. También vamos a mirar el nodo sur, porque es una energía donde ya estamos en condiciones de trascender y que, muchas veces, nos juega una mala pasada a nivel sombra, porque son energías que nos salen de manera automática e inconscientes por no tenerla lo suficientemente elaboradas. Tenemos que mirar dónde cae Plutón, dónde se posiciona Escorpio. Son varias las cosas que tenemos que mirar para buscar la sombra.
¿De qué otras ciencias se nutre la astrología? 
Se nutre de la astronomía, de las matemáticas, de la mitología, porque todos los planetas que forman parte de la carta natal son personajes mitológicos. Se nutre muchísimo de la psicología y de la filosofía. La verdad que se nutre de muchísimas disciplinas y, cuanto más se nutre, para mí más rica va a ser la interpretación que tengamos de una carta natal.
Ada Marcos, psicóloga junguiana


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