¿Cómo se relaciona
la astrología con la psicología de Carl Jung?
En
principio, lo que podemos decir es que para Carl Gustav Jung, que es el
psicólogo que nosotros seguimos tanto en la astrología como la mitología, era
la forma que utilizaban los antiguos. Ellos cifraban en un código simbólico
contenidos psicológicos y eso se ve traducido tanto en el esquema de la
mitología, que es un cuerpo completo de conocimiento y de símbolos, como en el
cuerpo de la astrología, que también es un conjunto y compendio de símbolos.
Entonces, la astrología, que era una forma de psicología, poco a poco fue
progresando, se fue diversificando y lamentablemente se fue separando de su
raíz filosófica y se fue volviendo más que nada una mancia muy ligada a
la futurología y predicción y muy desconectada de poder generar
conciencia y autoconocimiento. Un poco la astrología que nosotros utilizamos es
buscar reconectar esa profana hermandad, que siempre tienen desde tiempos
antiguos, la psicología de la astrología.
Es
la manera simbólica de cifrar el aparato psíquico de cifrar (sic) los
contenidos del psiquismo individual, y también del psiquismo colectivo cuando
trabajamos un mandala en reposo, pero en principio son disciplinas hermanas,
inseparables desde nuestro punto de vista y se puede hacer piscología sin
astrología pero no se puede hacer buena astrología si no está la psicología
incluida.
¿Los antiguos para
qué usaban la mitología?
Ellos
también la utilizaban como una forma de psicología porque, en realidad, los
mitos son relatos de verdades universales que acontecen en todo psiquismo
individual. Por ejemplo, al mito de Edipo el psicoanálisis después lo retoma
como el mito fundante del aparato psíquico individual. “Jasón y los argonautas”
es para muchos el mito fundamental del psiquismo grupal. Todos los mitos, en un
lenguaje simbólico, lo que hacen es mostrar diferentes verdades arquetipales y
universales que atraviesan el alma humana mas allá de la cultura, mas allá del
tiempo, mas allá de cualquier tipo de diferencia idiosincrática. La mitología
hace que en un lenguaje simbólico y condensado se puedan describir procesos
psíquicos y anímicos muy profundos, no son relatos fantásticos sino que son
relatos cifrados que hablan de verdades universales del alma humana.
¿Y eso sería el arquetipo?
El
arquetipo es un núcleo energético que es información pura y que forma parte y
es el contenido fundante del inconsciente colectivo, es decir, son modelos
básicos y universales que atraviesan a toda la humanidad.
Los
arquetipos son núcleos informáticos puros bien amorfos que descansan en la base
del patrimonio cultural universal, entonces se activan con diferentes ropajes
en distintas culturas, pero en el fondo responden a lo mismo.
Todos
tenemos héroes dentro de nuestras culturas, pasa que distinto va a ser un héroe
europeo, otro africano, otro asiático u americano. Sin embargo, si nos ponemos
a mirar dentro la estructura y el esquema del héroe, de lo profundo, mas allá
de su imagen y sus ropajes externos, vamos a comprobar que hay algo que los hace
héroes y es siempre lo mismo.
¿Qué es lo que el
héroe repite?
Eso
mismo en general Joseph Campell lo describe como un proceso de transformación
que todo héroe hace en tres etapas básicas que son: la separación del entorno
conocido, una iniciación con pruebas difíciles que el héroe tiene que superar y
un retorno a la fuente modificado.
Entonces,
si tomamos desde Perseo, Teseo, Aquiles y Hércules, los héroes griegos por
definición, pasamos por los héroes yanquis Superman y Batman, todos repiten
este mismo esquema de desarrollo que es donde se separan de lo conocido, se
inician en duras pruebas y después retoman a las fuentes modificados. Todos los
héroes tienen que vivir este proceso de transformación, por eso el héroe es uno
de los arquetipos universales que Jung trabaja en el denominado “viaje del
héroe”, que es el héroe que podemos emprender todos a nivel individual: un
viaje de transformación a nuestros ego que se va a separar de los conocido, se
va a iniciar y va a retornar modificado a la fuente y que, cuando consumimos
historias de héroes mitológicos, de películas o producciones hollywoodenses, no
hacemos ni más ni menos que ver reflejado en una pantalla externa un proceso
interno de desarrollo. Por eso la mitología es muy valiosa, porque nos da un modelo
arquetípico de desarrollo que nos puede servir a nivel individual. Leer
mitología nos nutre porque nos da recursos simbólicos para significar cosas que
nos van a pasar a lo largo de la vida porque son arquetípicas. Así como Perseo
recibió la llamada a iniciar su viaje de emancipación y búsqueda de su propio
camino, nosotros también. Así como lo hicieron todos los héroes, entonces si
nosotros sentimos ese impulso de ir hacia lo nuevo, de salir de la zona de
comodidad si tenemos estos recursos simbólicos, vamos a significar de otra
manera lo que nos está pasando, hay mucha más conciencia.
Complejo y
arquetipo ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?
En
realidad, el complejo está apoyado sobre el arquetipo, y este forma parte del
núcleo, de la parte del aparato psíquico que es más profunda y universal y que
forma parte de lo que Jung llama “la psiqueo objetiva”, que es el inconsciente
colectivo, patrimonio de la humanidad. Y los arquetipos son el contenido del
inconsciente colectivo. Los complejos son los arquetipos del inconsciente
personal de cada uno, son vivencias reprimidas por nuestra propia biografía en
función de lo que nos ha tocado vivir y forman parte de nuestro propio
inconsciente personal, son vivencias individuales y el contenido del inconsciente
personal, que Jung lo llama sombra, son los complejos. Lo que pasa es que estos
complejos, si los empezamos a escudriñar y a rasgar, nos encontramos siempre
con un motivo arquetipal. Por ejemplo: el complejo de inferioridad tiene un
motivo arquetipal, el complejo de Edipo tiene un motivo arquetipal y el
complejo de superioridad también. Después nosotros lo vivimos y lo coloreamos y
lo llenamos de vivencias que son personales, pero en el fondo, el complejo
tiene un contenido duro que es universal.
El
complejo de inferioridad puede tener diferentes contenidos e historias
biográficas que lo avalan en cada caso, pero en el fondo se trata más o menos
de lo mismo y podríamos graficarlo contando “el cuento del patito feo”.
No
sé si viste la serie “Once upon a time”, donde los personajes
representan a alguien de un cuento universal (arquetipo). Cuando ellos se
encuentran en un pueblo llamado Storybrook pasan a la vivencia de ese
arquetipo y, automáticamente, se convierte en un complejo.
Claro,
y lo llenan con sus propios contenidos vivenciales, entonces si vamos por ahí,
para mí el complejo de inferioridad está basado en lo que mi mamá me decía
cuando yo era chiquita y para vos, este mismo complejo, puede estar basado en
lo que decía una tía que también influyó mucho. Alrededor de eso se empezó a
armar, en el fondo. Las dos, en el núcleo duro, compartimos la vivencia de
sentirnos diferentes del resto, de sentirnos menos o lesionadas en nuestra
autoestima, de estar buscando permanentemente ese resarcimiento, pero las
vivencias que te llevaron a vos fueron unas y las que me llevaron a mí fueron
otras.
Ya que tocamos lo
del patito feo, ¿Cuál sería la sombra en este complejo?
Lo
que está en la sombra de ese patito feo, y que después sale, es el cisne que en
verdad es. Lo que tenemos en la conciencia es el complejo de inferioridad, el
sentirse inferior. Siempre toda persona que toma una posición de inferioridad,
en el inconsciente la sombra lo va a polarizar y va a guardar la superioridad,
que es la otra cara de la moneda. Entonces, lo que dice Jung es que el
inconsciente se encarga de polarizar a la conciencia, los complejos en los
opuestos también se tocan. Superioridad e inferioridad forman parte de un gran
centro magnético dentro del aparato psíquico en el cual la conciencia pendula.
¿Eso significa que
nos tenemos que cuidar de n o pasar de un complejo de inferioridad a un
complejo de superioridad?
En
realidad, la gran integración a lograr es que el cisne y el patito sean uno
solo. De esa manera, el inconsciente no tendría que hacer el trabajo de hacerse
cargo de aquello que la conciencia desecha, el cisne en una primera instancia
del cuento y el patito en una segunda, porque si yo con la conciencia me
polarizo en el patito, en cualquier momento va a salir el cisne y, si me
polarizo en el cisme, en cualquier momento sale el patito. No estoy realmente
curado y solo lo estoy cuando logro la integración entre esas dos partes mías y
logro un equilibrio.
¿El complejo de
Edipo qué trabaja ?
Edipo
trabaja otra cosa, trabaja la fundamental triangulación que tenemos con nuestro
padre y nuestra madre, hay otras cosas que se pueden leer en el mito, pero
desde donde lo toma el psicoanálisis es en la posibilidad de convertirnos en
sujetos a partir de esas relaciones fundantes que tenemos con nuestros padres,
esas relaciones de amor que generan como una gran prohibición que son las
prohibiciones del incesto, los primeros diques represivos que generamos en
nuestro aparato psíquico que están basados en este complejo. En realidad, es un
final muy trágico el que tiene Edipo, él termina sacándose los ojos y termina
todo en una gran tragedia, mata a su padre y su madre se suicida, o sea, hay
una complejidad y tragedia en la historia muy profunda, y lo que se dice desde
la psicología jungniana es que Edipo es una especie de antihéroe, porque en vez
de salir hacia la exogamia, hacer el proceso de transformación y en vez de
separarse, se queda pegado de la endogamia. Es al revés, trata de salir de la
endogamia porque recibe la profecía de la maldición que va a matar a su padre y
se va a casar con su madre, al apartarse de eso queda pegado. Este juego lo
hacen mucho los griegos con sus mitos y los oráculos y las profecías. Al
intentar escapar de la profecía uno termina metiéndose más a fondo con el cumplimiento
de ese destino. Si hay algún tipo de contrabalanceo con Edipo, se podría dar
con la posibilidad de desarrollar el héroe y vivir la iniciación para
convertirse en un ser individual. La iniciación define al ego, lo fortalece, lo
transforma y lo integra.
Es parecido a
Narciso, porque se mira en las aguas y de tanto contemplarse cae en ella, se va
hacia adentro.
El
mito de Narciso es otro mito fundante del aparato psíquico, porque esto de
poder conocerse a uno mismo, de mirarse en el lago, de salir de la negación y
desconocimiento en el que estaba Narciso de sí mismo, construye mucho la
subjetividad. Es necesario pasar por una etapa de narcisismo y amor a uno mismo
para después poder amar a los demás, es un mito con una profunda significación
subjetiva y ahí también se ve mucho cómo se da esta vuelta alrededor de la
trampa del oráculo, porque dice que el día que él se vea a sí mismo morirá. Es
por eso que la madre lo mantiene en la ceguera total, ajeno a espejos o
cualquier cosa que le refleje su propio rostro, hasta que se ve en un lago y
encuentra la muerte. Hay un estudio muy interesante que hicieron los argentinos
Ana Zetina y Jorge Bosia (astrólogos de esta rama muy psicológica también), se
llama “Egos, Eros, Ecos” y se refiere a cómo el mito de Narciso es un mito de
construcción del ego. Tiene que ver con esa base de construcción egoica,
narcisista, con amor propio, y había una ninfa que se llamaba Eco que se
enamoró perdidamente de Narciso, pero tenía una maldición encima y estaba
condenada a repetir las últimas sílabas de lo que decía el interlocutor, por
eso el eco es para nosotros la reverberancia de la última sílaba de lo que
decimos, y viene de aquel relato mitológico. Cuando ella lo vio a Narciso se
enamoró de él, pero en su intento de seducirlo, al ser tan limitada por repetir
las últimas sílabas, pereció en su intento de conquistarlo y pidió a los dioses
que se venguen y que le hagan vivir a Narciso el mismo infortunio de amor que
estaba viviendo ella. Ahí es cuando Narciso quedó captado con su imagen en el
lago y vivió la imposibilidad de concretar su amor por ese reflejo. Donde él
murió nació una flor de narciso. Esta cosa del eco es esto de construirnos como
verdaderos individuos o ser un eco del otro, ser como un falso self. Ser una falsa
personalidad que se adhiere al ego del otro es repetir lo que es el ego del
otro, es la falsa personalidad.
Esta
entrevista fue tan interesante como extensa, por eso decidimos dividirla en
dos. Llena de conocimiento, Ada nos pudo aclarar por qué el mito desde tiempos
antiguos fue y es tan importante para el hombre, qué representa en el alma
humana, cuál es el camino del Héroe y cómo trabajan los complejos en nuestra
psiquis.
En
la segunda parte de la entrevista a la licenciada Ada Marcos trataremos temas
como las máscaras, para qué sirven, cuál es su función y qué es la sombra para
Carl Gustav Jung. A disfrutar, a compartir y a nutrirse.
¿Podemos hablar un
poquito de las máscaras? ¿Qué diferencia hay entre la máscara y la sombra de la
máscara?
La
máscara es otro arquetipo junguiano fundamental. Jung dice que la máscara es el
arquetipo que trabaja toda la parte de la capacidad del ser humano de adaptarse
socialmente. Es toda la energía psíquica destinada a la adaptación social, y
ella es la que nos permite filtrar nuestros impulsos básicos y adaptarnos a
vivir la civilización, son los roles que ejecutamos, dicen los post junguianos
en este teatro de la vida. Tenemos múltiples máscaras y, en el mejor de los
casos, tenemos varias y vamos utilizándolas y soltándolas en diferentes
momentos.
¿Cuándo una
máscara es sana?
El
uso sano de las máscaras tiene que ver con la posibilidad de no confundirlas
con nuestra propia piel, de saber que son simplemente ropajes que utilizamos
para adaptarnos socialmente y también para economizar energía psíquica. Las
máscaras nos marcan cierta estereotipia en nuestro comportamiento que, si bien
nosotros tratamos de nutrirlo con cosas más autenticas y hacer así una
integración, la máscara me marca que cuando estoy en mi rol de profesora me
dice que ciertas cosas son adecuadas y otras cosas que no, y yo ya sé cuáles
son más o menos. Puedo innovar con algunas cosas pero con otras no, entonces,
entrar en esa sintonía y saber cuál es la ruta que tengo que seguir me hace
ahorrar energía en tener que pensarlo cada vez que ejecuto el rol, me permite
ciertos códigos sociales que están pactados de antemano y que me permiten que
los encuentros y los contactos con la sociedad estén más enmarcados y yo no
tenga que estar pensando de cero cómo tengo que encarar la situación. Siempre
pongo el mismo ejemplo: yo sé que por un pacto social si es antes de mediodía
digo “buenos días” y si es después digo “buenas tardes”. Ya sé que eso es lo
adecuado y lo que el pacto social marca, ahora, si tengo que pensar desde cero
cómo saludar en cada caso gastaría una cantidad de energía psíquica
impresionante, entonces la máscara me sirve para marcar ciertos rumbos de
comportamiento adaptados socialmente, que me permiten economizar energía
psíquica y generar un encuentro relativamente armonioso y civilizado con el
otro. El problema es cuando la máscara está hiperinflada, esto quiere decir que
confundo la máscara con mi propio ser, no puedo sacármela nunca, vivo con ese
estereotipo del rol social, es el juez que nunca se saca la toga de juez, es el
psicólogo que no deja nunca de ejecutar su rol profesional y que analiza a todo
el mundo, es el religioso que está con su moral y biblia bajo el brazo, todo es
máscara, todo es código social y no existe posibilidad de utilizar recursos más
personales y auténticos a la hora de resolver las situaciones. Es, por ejemplo,
Ned Flanders que lee la Biblia y, cuando no encuentra la solución al dilema
dentro de ella, llama de urgencia al reverendo para que le diga cuál es el
código adecuado, no puede resolver desde su propio ego individual la situación.
¿La sombra de la
máscara dónde estaría?
El
arquetipo de la sombra es el que polariza la máscara, es lo que te decía que
puede tirar a la hiperinflación y a generar una asfixia del ego donde todo es
pura máscara y el ego no puede respirar ni tomar decisiones fuera del pacto
social o caer en una deflación de la máscara, que son las patologías, donde la
persona no puede utilizar máscaras y la persona se
vuelve socialmente inadaptada. Esas son las personas que desencajan
mucho a nivel social, no pueden generar un contacto social respetuoso, tienden
a oponerse y rebelarse ante cualquier institución porque sí, no solo para
modificarla ni para tratar un nuevo instituyente, sino por el simple hecho de
oponerse como una rebeldía sin causa. La luz de la máscara sería esta
posibilidad de ahorrarnos energía psíquica y poder filtrar nuestros impulsos y
poder relacionarnos de una manera armoniosa y civilizada con el entorno y para
poder cumplir los roles que la vida nos tiene deparado. La parte sombría de la
máscara es tanto la hiperinflación, el pegoteo de la máscara con nuestro propio
ego y la deflación es tener un uso pobre de las máscaras. Cuanto más usamos y
más nos adaptamos socialmente y más vamos perdiendo nuestra espontaneidad y
nuestra parte verdadera y genuina, más grande es nuestra sombra, porque todo lo
que la máscara reprime (nuestros impulsos no dejan de existir sino que los
vamos reprimiendo para sostener la máscara), esa que hemos elegido, de alguna
manera todos esos impulsos van a parar a la sombra, que es cada vez más grande.
¿La máscara se
elige de acuerdo al signo zodiacal al que pertenecemos?
Por
ejemplo, dentro de la astrología se considera mucho al signo de Sagitario como
arquetipo, igual que Júpiter o casa 9, pero también se considera al ascendente
como máscara, es la energía que nosotros proyectamos y que se nos ve muy en
forma muy natural hacia afuera. El medio cielo, que es otro ángulo que está
expuesto en nuestra carta, socialmente también tiene que ver con las máscaras y
con la proyección social que nosotros hacemos. El signo que cae en nuestro
medio cielo se considera nuestra meta social y se considera una energía que
también nosotros proyectamos a nivel social sin, a veces, ser demasiado
consciente.
En
astrología lo que sucede es que nada es determinante, ni de un modo o del otro,
sino que en general es de varios modos a la vez. La astrología es muy compleja,
tiene eso que pasa al mirar un mismo fenómeno: tenemos que contemplar varias
cosas de una carta natal, por lo tanto, si queremos saber qué tipo de máscara
usa tal persona, podemos mirar el ascendente, la casa 7, el medio cielo,
Sagitario, la casa 9, Júpiter y mirar el regente del ascendente. Una de las
maneras más fáciles de hacerlo es mirar el ascendente sin obviar que hay
teorías astrológicas que opinan que el ascendente es el camino evolutivo del
alma y no la máscara. Entonces, ahí el ascendente nos estaría dando otra
información adicional. En la astrología convive esta pluralidad permanente.
¿En una carta
natal se puede ver la sombra?
Retomemos
esta línea que dice que en astrología nada es tan definido, sino que en
astrología psicológica tenemos que mirar una serie de fenómenos dentro de la
carta para poder llegar a una conclusión. Vamos a mirar varias cosas para
trabajar el complejo de la sombra, vamos a mirar la casa 7 que, por lo general,
es una energía proyectada hacia afuera y una de las formas principales de
vivenciar la sombra, dice Jung, es de una manera proyectada en nuestro entorno.
Por eso se dice que los demás son espejos y reflejos de nuestra propia
interioridad y lo que nos molesta afuera probablemente esté dentro nuestro,
este contenido reprimido es muchas veces proyectable y, justamente, la casa más
proyectiva es la casa 7 que es la casa de la relación con el otro. Los
astrólogos helénicos (que son los primeros en utilizar el mapa natal
individual) la llamaban “la casa de la inmersión y del ocultamiento”, porque
todo lo que caía ahí estaba oculto a la conciencia, estaba en oposición al yo,
que es la casa 1, un lugar básico y sede de la conciencia. En la casa 7, en
general, hay parte de la sombra, en la casa 8 hay una gran vivencia de la
sombra que para los astrólogos arquetipales es el encuentro mismo con ella, es
el signo de Escorpio, es el encuentro con el tabú, reprimido y desechado por el
ego, que se construye definitivamente en Leo y que desecha hacia la sombra en
Escorpio todo aquello que no forma parte de la identidad coherente que armó en
el proceso leonino de constitución. Entonces, vamos a mirar la casa 7 (como
dijimos), la 8 y también la casa 12, que es una energía oculta. Para los
astrólogos arquetipales esta es una energía más universal, es la energía del
inconsciente colectivo.
¿La Casa 12 es
mucho más oculta que la Casa 8?
Sí,
es mucho más oculta y mucho más inaccesible. La casa 8 son las vivencias
reprimidas personales, la casa 12 son vivencias arquetípicas. También vamos a
mirar el nodo sur, porque es una energía donde ya estamos en condiciones de trascender
y que, muchas veces, nos juega una mala pasada a nivel sombra, porque son
energías que nos salen de manera automática e inconscientes por no tenerla lo
suficientemente elaboradas. Tenemos que mirar dónde cae Plutón, dónde se
posiciona Escorpio. Son varias las cosas que tenemos que mirar para buscar la
sombra.
¿De qué otras
ciencias se nutre la astrología?
Se
nutre de la astronomía, de las matemáticas, de la mitología, porque todos los
planetas que forman parte de la carta natal son personajes mitológicos. Se
nutre muchísimo de la psicología y de la filosofía. La verdad que se nutre de
muchísimas disciplinas y, cuanto más se nutre, para mí más rica va a ser la
interpretación que tengamos de una carta natal.
Ada Marcos, psicóloga junguiana

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