La PAREJA INTERNA: autoconocimiento y sanación
“La luz y la tiniebla, la vida
y la muerte, los de la derecha y los de la izquierda son hermanos entre sí; no
es posible que se separen (unos de otros). Por tanto, ni los buenos son buenos
ni los malos malos, ni la vida es vida, ni la muerte muerte.“
Evangelio de Felipe. Evangelios,
hechos, cartas. Biblioteca de Nag Hammadi II. Pags. 25-26
Uno de los siete Principios
Universales, de los que nos habla El Kybalion, es la Ley de Género. La
verdad básica de esta ley es que el género está en todo; todo tiene sus
principios masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los
planos, por lo tanto, la energía masculina y la energía femenina siempre
están presentes y operando en todos los ámbitos: físico, mental, emocional
y espiritual.
Todo, en consecuencia, tiene un
género: activo y masculino o receptivo y femenino. También nos revela esta
ley que todo cuanto existe: mineral, vegetal, animal, persona..., además
de pertenecer por nacimiento al género masculino o femenino, tiene dentro
de sí la energía correspondiente al género opuesto, porque todos los
seres cuentan en sus genes con ambos tipos de energía, la muestren y
desarrollen o no. El conocido símbolo del Tao en el que, dentro de un
círculo, hay dos partes de diferente color unidas entre sí y conteniendo cada una
un pequeño punto del color de la otra, es una buena imagen para recordar y
comprender este principio.
Las mujeres y los hombres no
somos una excepción a esta regla, estamos constituidos por y llevamos en
nuestro interior tanto cualidades receptivas (término más adecuado y
correcto que femeninas), con atributos activos (más específico que masculino).
Esta polaridad corresponde a los aspectos biológicos, psicológicos,
emocionales, espirituales..., ya que todas las personas contamos en
nuestra herencia genética con una mitad de cromosomas recibida de nuestra
madre (femenina/receptiva) y otra mitad recibida de nuestro
padre (masculina/activa). De manera que cada uno, independientemente de su
sexo biológico y de sus gustos o tendencias sexuales, lleva en su interior
una parte de mujer y otra parte de hombre, siendo ambas necesarias para su
desarrollo y desenvolvimiento en la vida, porque de lo contrario no las
tendría. La Naturaleza no es caprichosa ni estúpida, sabe lo que hace,
somos nosotros quienes, con una perspectiva muy estrecha, no
sabemos entenderla ni vivir en consonancia con ella.
La diferencia entre la energía
receptiva y la energía activa es tan sólo de grado o de predominio, porque
las dos ejercen sus funciones y su influencia en todas las personas,
seamos o no conscientes de ello y tanto si desarrollamos ambas a voluntad
como si nos inclinamos hacia la correspondiente a nuestro sexo biológico
Podemos decir entonces que la mujer es femenino-masculina con predominio
femenino y el varón es masculino-femenino con predominio masculino. Ambos
tipos de impulso son complementarios, cada uno tiene y se inclina hacia
sus propias características, atributos, posibilidades..., necesitando
reconocer y trabajar las opuestas, que en realidad son las mismas contempladas
desde una perspectiva diferente y empleadas de otra manera. Esto es
necesario para conseguir una personalidad completa, plena y equilibrada,
que permita cumplir adecuadamente las tareas y objetivos que a lo
largo de la vida nos toque realizar.
El lado femenino, tanto en la
mujer como en el varón, está unido con la experiencia del sí mismo
natural. Estar en contacto con el sí mismo natural es estar aposentado en
el propio centro, en conexión con el núcleo esencial de nuestro ser,
sintiéndonos colmados y en equilibrio, ni por debajo ni por encima de
nadie. Experimentarlo y sentirlo vivamente es un signo de que
somos conscientes de nuestra propia identidad, algo que nos permitirá
reconocer y valorar nuestra importancia y nuestra dignidad esenciales. Saber
y tener presente que cada persona, mujer u hombre, nunca podrá ser otra
cosa que lo que es en esencia, que nunca perderá su sí mismo ni será
separado de él, ya que es indestructible y no puede ser disuelto ni cambiado
por nada, nos capacita y nos da fuerza para permanecer en todas las
condiciones de nuestra vida, cualesquiera que sean.
En lo femenino y receptivo
también está la semilla del movimiento y del cambio continuo, individual y
colectivo, porque esta energía contiene cuatro aspectos esenciales e
imprescindibles para la Vida: formación, preservación, alimentación y
transformación.
Carl Jung decía que todos tenemos
en nuestro inconsciente una pareja interior, es decir, una imagen opuesta de
nosotros mismos, con cualidades y defectos que no podemos manejar conscientemente.
Nosotros somos el recipiente o
cáliz de estas dos polaridades y una de nuestras tareas es encontrar el
equilibrio entre ellas y realizar dicha unión. Estamos buscando en el exterior
nuestra pareja ideal y en ella proyectamos el conjunto de ideales que poseemos
en el interior. Cuando descubrimos que la realidad no se corresponde con la
"matriz" masculina o femenina, entonces sobreviene el
desengaño.
En últimas instancia, como dice
Eckhart Tolle, “en el amor no existe otra persona, siempre estás al encuentro
de ti mismo”.
Astrológicamente, la casa 7 es
donde experimentamos las relaciones en una base de uno a uno. Es la
"búsqueda del yo en los ojos del otro" y esta casa actúa como un
espejo, rastreando en la vida para recoger las imágenes reflejadas que pueden
reforzar un sentido de totalidad y existencia.
La 7ª casa también es vista como
la Casa de los Enemigos. Todo lo que no nos gusta de nosotros mismos tiende a
ser negado y proyectado a los demás, así esto les llega del lado oscuro de
nosotros mismos y lo reconocemos en otros pero no en nosotros mismos. Esto pasa
con la pareja de matrimonio pero también se proyectará en cualquier persona.
Aunque, uno encuentra la personalidad que puede estar en una alerta constante
para alguien que debe completar los aspectos negativos de sí mismo o aquellas
partes que niega.
La naturaleza angular de esta
casa es tal que el "ideal" de la relación es un concepto
personalizado no uno abstracto. Uno busca la relación ideal y aún más la
relación ideal con el yo interno proyectándolo en la otra persona.
Si nos adentramos en los
arquetipos del Tarot , tres cartas se vinculan con la construcción de la Pareja
Interna:
Los Enamorados:
En este Arcano el proceso creador
ya ha sucedido. El yo ha nacido, debe ahora como todo HÉROE decidir (elegir)
pues por el solo hecho de estar vivo se ve constantemente entre opciones
debiendo optar.
Es el arquetipo que nos habla de
la diversidad de la existencia con sus contrastes y antítesis, sus acuerdos y
conflictos, sus tentaciones y dudas presionado en todo y a todos a reconocer
estas fuerzas encontradas y encontrar la propia acción.
Esta es la instancia de la
"Revisión, análisis y síntesis", para superar las pruebas. Elección
es su palabra clave y sus contrarias: duda, incertidumbre, indecisión,
cavilaciones sin sentido, superficialidad y contradicción también están acá
representadas.
A este Arcano se le relaciona con
el amor (por el cupido superior, por el nombre y por la figura y también por
su relación con el número 6, símbolo del hogar, la familia y la unión de los
antagónicos) Esta asociación es correcta en tanto y en cuento
entandamos que la primera unión (o Amor) es hacia uno mismo, la integración
interna entre nuestros aspectos contradictorios (pasión, conciencia, emoción,
razón, intuición…) Es pues la instancia donde sentir, pensar y hacer, se
vuelven una unidad. Se refiere entonces ala “autoestima” al propio valor y
reconocimiento del mismo y en segunda instancia a la unión con otro, (pareja)
La Emperatriz: Este arcano se vincula a la fertilidad, la naturaleza, la
maternidad y también la sensualidad. El arquetipo de la madre. Representa la
ternura, la capacidad de criar, del afecto concreto. Vinculada a la
comunicación y los procesos creativos. Es la representación de la pareja femenina;
esta carta también alude al bienestar material, buenas relaciones de pareja,
estabilidad y reconocimiento.
El Emperador:
Representa estructura, orden y
regulación - fuerzas que balancean la abundancia pródiga y de libre flujo de la
Emperatriz. El evoca un mundo de cuatro cuadrados donde los trenes llegan a
tiempo, los juegos son hechos bajo sus reglas, y los oficiales comandantes son
respetados.
Es el principio de autoridad, de
poder.
El camino de autoconocimiento e
integración de las polaridades, propone que el MATRIMONIO SAGRADO equilibra las
fuerzas internas femeninas y masculinas y la construcción de una PAREJA INTERNA
que se materializará luego en todos los planos de la realidad, como equilibrio,
orden, amor y abundancia. Nadie puede darnos nada, todo lo que
necesitamos ya se haya en nosotros y debemos proveernóslo nosotros mimos,
comenzando por el AMOR INCONDICIONAL.
Matrimonio
Sagrado activa la conciencia de la integración
de nuestros aspectos del Sagrado femenino y el Sagrado masculino en una danza
cósmica donde cada uno es el Todo y lo particular a la vez. Es posible para
aquellos comprometidos en procesos creativos por su capacidad de mover nuestro
yo fecundo; para quienes quieren armonizar el funcionamiento de sus aspectos
internos; para quienes ansían encontrar su alma gemela, porque la unión real
ocurre en nosotros y se materializa en el exterior; para quienes deseen sanar
heridas y corregir creencias erróneas respecto del vínculo entre lo femenino y
lo masculino.
Ada Marcos,
psicóloga junguiana

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