Proyección
Marie Louise Von
Franz
La raíz que permite entender la proyección es "despojarse hacia
afuera". Nos despojamos de algún rasgo de carácter y lo vemos como
perteneciente a alguien otro. Es bien conocido que todo aquello que
inconscientemente reprimimos, nos parece como si no existiera: todo ese
material inconsciente aparece entonces como perteneciente a alguna persona u
objeto fuera de ... nosotros.
C.G.Jung definió
la proyección como "una transferencia inconsciente, es decir no percibida
e involuntaria, de elementos psíquicos subjetivos sobre un objeto exterior. El
proyectante percibe en el otro algo que no se encuentra en ese otro o solamente
muy poco".
Cuando se nos
reprocha o censura cualquier cosa, o hacemos algo que sentimos equivocado,
nuestra primera reacción, en la mayoría de los casos, es culpar al otro. ¿Cuantas
veces nos lavamos las manos y echamos toda la responsabilidad sobre los demás?
Cada quien esta convencido que actúa por el bien de su grupo, su pueblo, su país
... el infierno esta empedrado de buenas intenciones .... Algunos tienen dudas,
pero en general ignoran su estructura psíquica propia y la de sus oponentes,
especialmente sus propias motivaciones a menudo inconscientes. No se toma en
cuenta "el otro lado", el oscuro, como fuente de actividad en sí
mismos y en otros, que juega un rol tan decisivo en la existencia humana.
Tenemos la tendencia de juzgar a los otros a través de nosotros mismos y en
consecuencia si no nos conocemos somos susceptibles de llegar a conclusiones
falsas sobre los demás: cada quien se crea así una serie de relaciones más o
menos imaginarias provenientes esencialmente de tales proyecciones. En esas
relaciones imaginarias, el interlocutor exterior se vuelve una imagen o un soporte
simbólico.
A pesar de que
todos los contenidos de nuestro inconsciente son proyectados de esta manera
sobre quienes nos rodean, no los reconoceremos como proyecciones sino cuando
reconozcamos al mismo tiempo que son nuestros propios rasgos de carácter: de lo
contrario quedaremos ingenuamente convencidos que esos rasgos de carácter son
los de quienes nos rodean (el objeto en sí mismo).
El agua es el símbolo
más frecuente del inconsciente. Quien mira en el espejo del agua percibe en
primer lugar su propia imagen. Quien va hacia sí mismo corre el riesgo de
encontrarse a sí mismo. El espejo no alaba, muestra fielmente lo que mira a
saber: el rostro que no mostramos jamás al mundo, porque lo disimulamos con
ayuda de la persona, de la máscara del comediante. El espejo se encuentra detrás
de la máscara y desvela el verdadero rostro. Es la primera prueba de valor en
el camino interior de conocerse a sí mismo, prueba ésta que es suficiente para
asustar a la mayoría, porque el encuentro con sí mismo se constituye en
aquellas cosas desagradables a las que uno se sustrae mientras se tiene la
posibilidad de proyectar sobre el entorno todo lo que es negativo. Si uno llega
a ver la sombra propia y soportar saber que existe, una pequeña parte de la
tarea está cumplida: por lo menos se ha suprimido el inconsciente personal.
Pero la sombra
es una parte viva de la personalidad, y quiere participar a esa vida de
cualquier forma. No la podemos apartar o convertirla en algo inocuo a través de
razonamientos sutiles. Se trata de un problema difícil porque no solamente pone
en primer plano al hombre entero, sino que le recuerda al mismo tiempo su
desamparo y su impotencia. Las naturalezas fuertes - ¿o bien hay que llamarlas
débiles? - no aman esas alusiones personales; prefieren inventarse heroicamente
algún más allá del bien y del mal cortando el nudo gordiano en vez de
desatarlo.
El encuentro
consigo mismo significa en primer lugar el encuentro con la propia sombra. La
sombra es una garganta, una puerta estrecha cuyo penoso estrangulamiento no
pueden evitar ninguno de los que descienden en el pozo profundo. Es entrar en
contacto con una pauta que tiene a su disposición todas las energías que el
hombre ha despreciado, rechazado o ignorado conscientemente de sí mismo. Es con
esto que uno se encuentra cuando el ser humano se ubica entre sí mismo y su
propia luz: las oscuras y rechazadas fuerzas que pugnan en la sombra del
inconsciente, por así decir, cuchillo en mano, exigiendo venganza por todo lo
que el hombre y sus culturas han sacrificado conscientemente, fuerzas reales y
lo suficientemente activas para no dejar lugar a elucubraciones racionales y
escolasticismos.
Todo el mundo
quiere la Paz y todo el mundo se prepara para la guerra según el axioma: si vis
pacem para bellum. La humanidad no puede nada con respecto a la humanidad y los
dioses más que nunca, le muestran los caminos del destino. Hoy somos los dioses
"factores" palabra que viene de facere o hacer. Los hacedores se
encuentran tras los bastidores del teatro del mundo. Igual es en lo grande como
en lo pequeño. En la consciencia somos nuestros propios dueños, somos así
parece, nosotros mismos "los factores". Pero si franqueamos la puerta
de la sombra, nos apercibimos a nosotros mismos con temor, constatando que
somos los objetos de los factores. Saber esto es francamente desagradable,
porque nada decepciona más que el descubrimiento de nuestra incapacidad, debido
a que la supremacía de la consciencia ansiosamente afirmada y preservada, se
encuentra puesta en duda, y es mejor estar informados de lo que nos amenaza.
Plantear correctamente la pregunta es resolver la mitad del problema. En todo
caso, sabemos entonces que el más gran peligro que nos aguarda, proviene del
carácter imprevisible de la reacción psíquica. Por esta razón, los espíritus
clarividentes han comprendido desde hace ya tiempo, que las condiciones históricas
exteriores, de cualquier naturaleza que sean, no son mas que ocasiones de
peligro que amenazan realmente la existencia, a saber, las irracionales
quimeras políticas y sociales, que deben ser vistas no como consecuencias
necesarias de condiciones exteriores, sino de decisiones del inconsciente.
Estas fuerzas
demuestran como toda nuestra historia es un proceso que se desarrolla a dos
niveles: uno consciente y otro inconsciente: uno manifiesto y otro latente. El
nivel manifiesto proporciona todas las justificaciones racionales plausibles y
las necesarias excusas para las guerras, las revoluciones y los desastres
infligidos a los hombres en sus vidas colectiva y privada. Pero es en realidad
en este otro nivel, el nivel latente, donde se ha de encontrar, disfrazados, a
los verdaderos instigadores y conspiradores contra una dominación consciente
demasiado rígida y estrecha. Allí orgullosos, iracundos y rebeldes, se mueven
los hombres y las mujeres en el nivel visible: como títeres en determinadas
pautas de su vengativa actividad, como si un imán condicionare desde abajo un
campo de limaduras de hierro sobre una mesa.
Es por esto que
todos los hombres tienden a convertirse en aquello a lo cual se oponen: es la
oscilación de los opuestos de que habló Heráclito ...
Este mecanismo
de la sombra se encuentra en el fondo de las discriminaciones y persecuciones étnicas,
políticas, religiosas, etc... que se han producido en la historia. Esta es la
raíz de toda construcción hostil de imágenes, de consignas, las pintadas en las
fachadas, las polémicas exacerbadas de la prensa y la televisión, los
fanatismos ideológicos, religiosos y políticos, saturada de proyecciones y que
pueden desembocar en conflictos y situaciones de guerra. Se habla mucho hoy de
explicar las estructuras de esas imágenes cargadas de hostilidad pero los
mecanismos que las accionan no son comprendidos. Jung demostró de una manera
irrefutable como este mecanismo de la sombra se encontraba en el fondo del fenómeno
de la persecución de los judíos en la historia; como durante siglos los
cristianos culparon de su propio rechazo del verdadero significado de Cristo a
los judíos que lo habían crucificado, ignorando como ellos volvían a
crucificarlo diariamente en sus propias vidas; también fue la explicación de
Hitler y su persecución de los judíos. Por lo tanto este rol de la sombra en la
vida del individuo , en la vida de la civilización y en la realidad de la religión,
constituyó una de las más profundas preocupaciones de Jung. Lo recuerdo
expresando claramente que el individuo que separa su sombra de su prójimo y la
encuentra en sí mismo y se reconcilia con ella como con un hermano alejado, está
cumpliendo una tarea de gran importancia universal. El añadía que el futuro de
la humanidad depende de la rapidez y el alcance con que los hombres
individuales aprendan a separar sus sombras de los otros y a restituirlas
honrosamente dentro de sí mismos.
Sería mejor que
cada quien, a su nivel, tome consciencia de sus propias proyecciones, aceptando
su lado oscuro, aceptando lo que es, lo cual produce una ampliación de la
personalidad. Este retiro de las proyecciones, produce un abatimiento psíquico
(hay quienes dicen depresión) porque no se trata de algo placentero y el hombre
natural que está en nosotros hace todo lo posible para esquivarlo; pero esta es
la única vía por la que podemos salir de la crisis en la que nos encontramos.
Por este camino,
el hombre se convierte en una gran tarea para sí mismo ya que al ir conociendo
lo que es, cada vez menos podrá decir que "ellos" hacen esto o
aquello, que "los otros" están en el error y que hay que combatir "los".
Se va llegando al reconocimiento de que todo lo que anda torcido en el mundo
actúa y lo está también en uno mismo. Solo en uno mismo se puede cambiar alguna
cosa, en los otros casi nunca, esto es bien conocido.
En síntesis, no
vemos al mundo tal cual es sino tal cual somos. Somos portadores de todo
aquello que especialmente nos indigna y molesta de los demás."

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