El mundo emotivo y el
mundo del lenguaje
Este
artículo está basado en las notas que tomó Silvia Guarnieri
en una
presentación de Julio Olalla en la Escuela Europea de Coaching.
Las personas nos movemos en tres niveles que están en
constante interrelación y búsqueda de coherencia: el lenguaje, el cuerpo y las
emociones.
Es común que tengamos momentos de lucidez a nivel del
lenguaje, en los que alcanzamos nuevas e interesantes interpretaciones para
solucionar nuestras dificultades. Para que se produzca la transformación
personal con nuevas acciones es preciso que el cambio alcance no sólo el
lenguaje, sino también una coherencia entre el cuerpo y la emoción, que de no
existir nos devolvería al lugar de partida.
Para entender este fenómeno es importante saber a
nivel fisiológico que ha ocurrido. Sabemos que el cerebro humano se compone de
tres zonas:
* El cerebro reptil, que procesa las funciones
básicas
* El cerebro límbico que se encarga del mundo
emotivo.
* El neocortex, el más reciente que es en donde reside
la capacidad de razonar y el lenguaje.
Hemos sido seres emotivos mucho antes de haber tenido
la capacidad de razonar. En este mundo emocional, que hemos reemplazado con la
razón y el lenguaje, se encuentra una gran sabiduría.
¿Dónde se conecta el mundo emocional con el lenguaje?
Existe un fenómeno que la ciencia ha comenzado a
mirar que es el siguiente: si dos personas están en una conversación, puede
ocurrir que el vibrar emocional de una se encuentre con el de la otra,
produciéndose lo que se llama una resonancia límbica. Cuando esto ocurre el
sentido de lo que queremos decir se multiplica, porque va más allá de lo dicho.
Las acciones que los grandes líderes logran realizar
tienen que ver con esta capacidad de resonar con el colectivo al cuál se dirigen,
asimismo, para que el coaching se produzca ha de darse también esta resonancia.
En la resonancia límbica hay un instante en el que
sentimos que empezamos a funcionar al unísono y es entonces cuando la
fisiología empieza a ser afectada por la emoción, produciendo la regulación
límbica.
Un ejemplo podría ser lo que ocurre con los ciclos
menstruales de las mujeres que viven juntas, que al cabo de un tiempo comienzan
a ser coetáneos.
También podemos observar que una madre que amamanta a
su niño y si éste enferma, la calidad y composición de su leche se transforma
para hacerse cargo de la enfermedad del niño.
El tema emocional es más que mis sentimientos por un
lado y los tuyos por otro, no hay que analizarlo individualmente sino que se
trata de espacios de encuentro. Gran parte de lo que sucede en una conversación
tiene que ver con el espacio emocional que se crea, cuando nos encontramos con
el coachee en esta danza estamos diciendo mucho más que lo que decimos con las
palabras.
En el dominio emocional encontramos dos fenómenos:
La emoción y los estados de
ánimo.
La emoción puede ser interpretada como un cambio en
la pre-disposición para la acción: tenemos “a mano” otras acciones diferentes
que sin las nuevas circunstancias que dispararon ese cambio, no hubieran sido
posibles.
En cambio en el estado anímico, tendemos a recurrir a
un estado emocional pre-determinado, histórico, que nos acompaña desde largo
tiempo y que las circunstancias no logran provocan ningún cambio.
Cada emoción tiene su sabiduría, cada una es
guardiana de un espacio del ser, cada una cumple con su rol y, cada una nos
dispone a actuar diferente.
Un ejemplo de lo comentado anteriormente es que
cuando hablamos de Coaching Organizacional y no tenemos la capacidad de
observar el estado de ánimo del equipo nos estamos perdiendo algo importante
para su desarrollo y aprendizaje. Si están por ejemplo en la resignación será
necesario cambiar ese estado para que puedan conseguir acciones diferentes.
Algunos de nosotros hemos perdido la flexibilidad
emocional: la rabia es una emoción que es indispensable para la existencia, sin
embargo, si vivimos en la rabia, como estado de ánimo permanente nos es difícil
vivir.
El punto de conexión entre el mundo emotivo y el del
lenguaje tiene que ver con los juicios que hacemos, con nuestra manera de hacer
sentido e interpretar: si por ejemplo, voy caminando por la calle y alguien me
da un golpe en la cabeza, puedo interpretar que el golpe es un acto injusto y
entonces reaccionaré con rabia. Si por el contrario, juzgo que el golpe es un
aviso de peligro cambiaré la emoción de rabia por otra.
Mirando otras emociones vemos que la tristeza existe
cuando enjuicio que he perdido algo; en cambio en la emoción del miedo enjuicio
que algo malo me va a ocurrir.
Al igual que en las emociones, en el estado de ánimo,
también hay una interpretación, un juicio, pero no responde a evento concreto
que lo desencadena: si por ejemplo vivo con el juicio de que el mundo es
peligroso viviré en el estado anímico del miedo.
La reconstrucción lingüística de las emociones busca
conectar los discursos que cada uno realiza, con las emociones que experimenta
y la disposición a la acción a la que finalmente llegamos.
Hay seis emociones básicas -según Susana Bloch- si
nos fijamos en dos criterios:
1. La tensión o relajación
que genera la emoción
2. La cercanía o lejanía
física que genera la emoción
Encontramos que la rabia conlleva alta tensión y
cercanía física mientras el miedo tiene alto nivel de tensión y lejanía física,
porque existe la tendencia a la huida. La ternura y el erotismo conllevan baja
tensión y cercanía física.
La ternura es la emoción en la que el sistema
aprende a sentirse seguro: un niño que no conoce la ternura es un niño cuyo
sistema límbico no conoce la seguridad. Las caricias son la forma de generar, a
través de la fisiología, esa seguridad.
El erotismo está cerca de la ternura. Una
sociedad que le tiene miedo al erotismo acaba muchas veces reprimiendo todo
acto de ternura. El erotismo es más que la predisposición al acto sexual, tiene
que ver también con la apertura a la belleza, con la experiencia mística, con
los fenómenos espirituales.
La gratitud es la
predisposición de ser un regalo para los demás. A veces no nos atrevemos a ser
bellos, atractivos y maravillosos por miedo a mostrar nuestro valor. La
gratitud es ser un regalo, no por un intercambio sino simplemente por gratitud.
Un coach que se frena a sí mismo en ser precioso y atractivo, está frenando su
capacidad de ser un regalo para el otro.
Cuando elegimos y podemos estar en la emoción de la
gratitud el mundo nos parece suficiente, no tenemos expectativas y nos alcanza
con lo que hay.
La alegría tiene que ver con algo muy distinto a
la excitación. El sistema límbico tan sólo puede estar excitado momentáneamente.
Cuando una sociedad cambia la alegría por la excitación, los instantes de
excitación cada vez tienen menor intensidad y tras ellos aparecen espacios de
bajón.
Para que podamos vivir la alegría, es necesario que
sepamos vivir la tristeza, esta emoción es esencial en nuestro aprendizaje. Un
ser humano al que le importa algo, estará en la emoción de tristeza cuando lo
ha perdido y por eso llora.
¿Cómo podría importarnos algo y no tener la tristeza
en alguna parte cuando lo perdemos? Puede ser la pérdida de un objeto, de una
oportunidad, etc.
La emoción del miedo se
encuentra asociada a los juicios que hacemos sobre posibles pérdidas. ¿Qué es
lo que tememos perder?
La culpa es una emoción que protege la
identidad privada. Su origen es que nuestras acciones sean coherentes con
nuestros valores, con nuestras normas privadas.
Vivimos en una sociedad en que la culpa se ha
transformado en estado anímico permanente, y buscamos razones para tener culpa.
Para un ser humano sano, la culpa tiene un valor clave: yo tengo mis principios
y si los transgredí tengo que pagar por ello; la disposición de la acción en la
culpa suele ser el autocastigo.
La culpa es también una forma de manipular a los
demás; si te dicen “vete de vacaciones, que yo me quedo sola”, te sientes
violando un principio básico tuyo y en consecuencia, aparece la culpa.
La vergüenza hay que
distinguirla de la culpa: en la vergüenza protejo mi identidad pública y en la
culpa protejo mi identidad privada.
La vergüenza está relacionada con las normas de la
comunidad. Si violamos nuestros valores y las normas de la comunidad, podemos
sentir culpa y vergüenza a la vez. Otras veces puedo sentir vergüenza pero no
culpa.
La disposición de la vergüenza es a desaparecer o
pedir disculpas.
La perseverancia es un juicio de posibilidad, de
aprendizaje. “Si sigo insistiendo, lo voy a conseguir, va a resultar...”.
La frustración es un
juicio de impotencia, “no se puede hacer nada”. Tiene un toque de rabia, un
juicio de injusticia en la vida.
La resignación es más
pura que la frustración. En la resignación la acción es inútil. En la
frustración hay todavía pelea, estás dando una última oportunidad, todavía no
te has rendido.
Hay una emoción que tiene mucho poder negativo en las
organizaciones. Es el cinismo. El cinismo es una resignación inteligente.
Cualquier persona que crea que existe alguna acción es posible para solucionar
las dificultades, desde los ojos del cínico, es un imbécil. Por ello, las
personas no quieren estar en desacuerdo con el cínico, para no parecer tontos.
El cínico chupa mucha energía en el colectivo, es un militante activo pues
quiere que haya más resignados como él.
La disposición a la acción en el resentimiento es el
desquite. Espero la ocasión para el desquite, es secreto, tiene dos elementos
clave: el silencio y la revancha.
En la rabia en cambio no hay espera, explotas ahora.
El resentimiento tiene un espacio en el tiempo distinto al de la rabia. Cuando
una emoción te lleva a la resolución en la acción, es simple y clara, cuando no
es así, pueden aparecer problemas de salud.
Es imposible reajustar el mundo emocional sin que
haya descargas en el cuerpo: nuevamente el lenguaje, el cuerpo y la emoción
están conectados y existe una coherencia entre estos tres mundos.
Las lágrimas las vemos, pero a veces existen otras
alteraciones corporales que no vemos y que se producen en el proceso emocional.
Hay otra emoción que es la pasión, es la más mística
de todas las emociones porque la predisposición a la acción es fundirnos en lo
que hacemos, implica un desaparecer en el hacer. El acto de apasionarse es
perderse, los místicos hablan desde la pasión. Un coach sin pasión, termina no
teniendo compasión y eso hace imposible el coaching.
El opuesto de la pasión es la auto–obsesión, se da
cuando buscamos el yo en nosotros mismos y, el yo, se encuentra siempre en el
otro.
Cuando estoy contigo devengo en un yo que no puedo
ser, si no estás tú.
Es como creer que nuestros pensamientos son debido a
nosotros mismos, sin embargo, no podemos pensar si no estamos en un espacio
colectivo. Si no aprendemos a hablar a los tres años perdemos la capacidad del
lenguaje, pues éste es una contribución colectiva y es inconcebible en la
soledad.
Los discursos y los juicios generan emociones y las
emociones, a su vez, generan juicios e interpretaciones, no es algo
unidireccional, sino que los efectos aquí son también las causas.
El mundo emotivo nunca será ajeno al
pensamiento, estos son chispazos para mirar pero no son el final de la mirada.
* El cerebro reptil, que procesa las funciones
básicas
* El cerebro límbico que se encarga del mundo
emotivo.
* El neocortex, el más reciente que es en donde reside
la capacidad de razonar y el lenguaje.
En el dominio emocional encontramos dos fenómenos:
La emoción y los estados de
ánimo.
1. La tensión o relajación
que genera la emoción
2. La cercanía o lejanía
física que genera la emoción

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