Muchas veces he pensado que las personas somos como puentes.
Puentes entre una persona y otra; puentes entre dos circunstancias que pueden o
deben estar unidas; puentes de entendimiento entre dos seres desconocidos o
distanciados; puentes entre alguien que sabe algo respecto de otro que no lo
sabe; puentes entre el que tiene algo y el que no tiene.
A
las mujeres no nos cuesta penar que tenemos algo de esto. Sabemos que somos
vínculo entre dos circunstancias. Muchas veces hemos sido intermediarias en las
relaciones familiares, entre nuestros hijos y nuestro marido. Las mujeres sabemos que somos las
tejedoras arquetípicas, que fomentamos y
alimentamos las relaciones entre las personas, que socializamos.
Esa
función de puentes nos hace salvar obstáculos entre dos extremos desconectados,
porque nos sabemos medio
entre dos cosas. Nosotras las mujeres sabemos que todo tiene un denominador
común y sabemos tambien cómo hacer que eso que tenemos en común se destaque y
contribuya a mejorar las relaciones.
A
través de nosotras surge la vida, como verdaderos canales de comunicación entre
dos mundos, inicialmente opuestos. Y como todo camino tiene dos direcciones,
una que lleva hacia el destino y otra que devuelve a su origen lo que se había
ido, somos un camino de circulación, un camino a través del cual circula todo lo que habrá de nacer, vivir y
morir.
Hay
quien utilizó esta metáfora para decir que habían diferentes tipos de puentes: estaban
los colgantes, los levadizos, los aéreos, los cerriles, los de los asnos, los
de plata, los imaginarios.
Tratemos
de darnos cuenta de esta realidad maravillosa que tenemos las mujeres, las de
ser puentes. Dejemos que pueda surgir esta naturaleza nuestra hacia el mundo al que pertenecemos. Hacemos falta. Somos indispensables, nosotras, las
mujeres.
Hola Paula, por este espacio maravilloso que dedicas, pasate por mi blog, tienes un premio para recoger.
ResponderEliminarUn saludo cordial.
Mary
Gracias Mary !!
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