Ayer leía un artículo en el que
se decía que estar “medio depre” no era lo mismo que tener una depresión…. Pero
podía ser una señal de que ésta venía caminando dentro de nosotros.
Decía que “los organismos se
cansan” al igual que lo hacen los motores y, también como ellos, pueden
fundirse si no se les da el cuidado necesario. Explicitaba que no todos los
“motores” eran iguales ni todos tenían la misma resistencia. Por lo tanto había
algunos pasos que seguir, entre los cuales era importante preguntar si había
antecedentes de depresión en miembros de la familia. ¿Por qué? Porque la
depresión tiene un componente genético. También es importante poder distinguir
entre dos tipos de síntomas: aquellos que se mantienen estables y aquellos que
van y vienen. Los más preocupantes son aquellos que se instalan y que van
construyendo una forma de ser. Lo tercero que es importante de tener en cuenta
cuando aparecen síntomas de depresión es que los estados de ánimo y
específicamente la depresión, dependen de elementos químicos, por lo tanto,
deben ser tratados.
La depresión, como síntoma de un
estado anímico, nos demuestra una vez más que alma y cuerpo son una unidad, que
no funciona uno en forma independiente del otro, que si nos duele un órgano físico
estaremos afectados del ánimo y que si estamos afectados del ánimo bajarán
nuestras defensas y podremos enfermar de algo físico. Ambos cuerpos, espíritu y
materia, están indisolublemente unidos en este estado humano en el que estamos.
Es importante señalar que, según
lo demuestran algunos estudios, las mujeres se deprimen más que los hombres; de
cada tres personas deprimidas, dos de ellas son mujeres. También es importante
destacar que las hispanas son más propensas a deprimirse que las mujeres de otras
razas. Por lo tanto, es importe estar alertas a esta condición y no dejarnos
llevar por pensamientos que nos hagan creer que “somos así”. No somos así y
podemos ser de otra manera más feliz. Una mujer deprimida predispone a tener
una familia irritada, una pareja en la cual no hay una vida sexual ni amorosa
normal o grata.
Es indispensable tratar las
depresiones, porque cuando éstas no se tratan se van normalizando en nuestro
estado anímico y van contaminando con su estado nuestros pensamientos,
sentimientos, emociones y vida general. Esta situación va ampliándose hacia
nuestras relaciones inmediatas que se van alejando cada vez más. Los
pensamientos se van tornando cada vez más pesimistas, las conductas, cada vez
más irritables y nuestra individualidad cada vez más aislada. Se van perdiendo
las amistades, los éxitos laborales, las ganas de hacer cosas. También la
presencia física va mostrando huellas de este malestar interior y adelgazamos
en demasía o engordamos sin preocuparnos de los límites.
Según la autora del artículo,
“nos ponemos cada vez más tontas” y más desmemoriadas. Yo creo que “tontas” en
el sentido de estar atrapadas en estados de ánimos fluctuantes y labilidad
emocional, que nos hace reaccionar desproporcionadamente ante estímulos
menores. La energía física va decayendo y es más difícil iniciar actividades y
mantenerlas.
De todo esto hay que salir. Hay que
volver a ser la que uno es. Para ello debe recurrirse a terapia; pero también
permitirse medicar por especialistas de la salud. Estos remedios deben tomarse
ya, porque el mundo camina rápido, las cosas suceden una tras otra y todo
aquello que antes se pensó que era eterno, hoy se sabe fútil y pasajero. Por
eso es importante no dejarse estar y retomar las riendas de la vida. No dejarnos
llevar por estados de ánimo que nos ausentan de la vida y de los seres
queridos.
La responsabilidad de salir de
esta enfermedad está en nuestras manos. La responsabilidad de gozar con la vida
que tenemos también es nuestra.
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Artículo mencionado es de Paula Serrano "Depresión y estrés"

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